capítulo 50...

Parece que ya se da por descontado que el arte no va a cambiar la vida cotidiana, como soñaron muchos movimientos del siglo XX y una vez acariciaron, durante unos años, los situacionistas en la ciudad de Amsterdam. Es entonces cuando el arte mira sobre todo hacia el propio arte, redistribuyendo sus contenidos y sus significados.

 

En este sentido y movimiento transversal es donde se ubican buena parte de los artistas que, como Nacho Ramírez, son conscientes del empedrado postmoderno y sin querer caer en el eclecticismo panfletario de los últimos 10 años, desean resultados con contenido, o al menos referencias a lo puro, aunque inalcanzable, del problema estético.

 

Su última serie “Presente continuo” es una reflexión más sobre la perturbación en la que cae, invariablemente, la realidad tras rebasar la órbita de la percepción, donde el cúmulo advierte tanto de la magnitud de los estímulos de los que somos presa, como de las diferentes formas de entender las imágenes que permanecen en nuestro recuerdo y por lo tanto de la experiencia. El resultado, aún con la gran carga de contenido es pulcro y cuidado, como siempre hizo desde que empezó con sus series de formas orgánicas, y además tiene la carencia versátil de las nuevas herramientas.

 

 

Presente continuo...

 

shenyou...