Soledad

 

Lo que el artista dice lo dice con su trabajo. Un pintor se expresa esencialmente a través de la pintura, del mismo modo que un músico lo hace a través de la música. Por eso los verdaderos artistas tienden a ser lacónicos. Lo que realmente necesitan comunicar está contenido en su obra. Oscar Wilde decía que los artistas eran personas muy poco interesantes porque se vaciaban en su obra y les quedaba realmente poco por expresar. Sin embargo los malos artistas le parecían seres fascinantes que encarnaban todo aquello que no eran capaces de representar en sus obras. En cualquier caso, parece cierto que la entrega que exige el hecho creativo, tarde o temprano arrastra a una vida que, en cierto sentido, es casi monástica, conduce a un aislamiento necesario, al refugio del silencio. Hoy esta puede parecernos una imagen romántica, pasada de moda o estereotipada del artista, pero frente al estruendoso ruido de unos medios de comunicación que imponen el suicidio cultural de una sociedad que no reacciona, se hace más necesario que nunca ese aislamiento. Ante la perplejidad que produce contemplar la progresiva amplificación de la estupidez, el silencio se convierte en un tesoro en el que desaparece la molesta trivialidad de lo cotidiano y a través del cual retornamos al origen, al manantial de donde proviene lo esencial. "Ich bin der Welt abhanden gekommen" ("me he convertido en un extraño para el mundo"), el Lied de Mahler con poema de Rückert, es una bellísima expresión de la soledad y el destierro que un artista puede sentir frente al mundo, un mundo del que el artista es espectador, no actor.

 

No podemos dibujar un paisaje si nos adentramos en él, no podemos pintar una batalla si nos implicamos en el combate. No podemos pintar el mar si estamos nadando, hay que estar en la orilla o en el acantilado. El artista observa desde una distancia, se mantiene alejado del mundo que trata de representar. Y en ese acantilado el artista está solo.

 

Nacho Ramírez