Función

 

Los artistas hoy no son independientes. El poder que los gobiernos ejercen con las políticas de educación y cultura por una parte, y por otra el poder de la presión social que impone lo políticamente correcto a través de las corrientes de opinión, señalan sin sutileza alguna cuál debe ser el lugar del arte y los artistas en la sociedad. El arte se ha situado a disposición de alguna estas fuerzas. Ya Heidegger nos advertía que "las Artes se convierten en instrumentos de información manipulados y manipuladores". Los artistas son servidores de ideologías, propagandistas de contraideologías y abanderados de corrientes sociales. Convencido de que hace lo que debe, el artista sitúa la exigencia estética por debajo del contenido ideológico de su obra, del mensaje que éticamente se siente obligado a transmitir. Pero las obras de arte cuyo principal valor es su contenido de denuncia o reivindicación nacen con fecha de caducidad, una fecha determinada por la contingencia y transitoriedad de los hechos en que se fundamenta. W. Benjamin señala que, contrariamente al arte griego, que está orientado hacia la duración (arte eterno), el arte presente lo está hacia el envejecimiento, y esto sucede por "su entrega a la moda o a través de su refuncionalización en la política". Claramente, la moda y la política son factores que envejecen prematuramente el arte hasta hacerlo morir. Los fusilamientos del 3 de Mayo de Goya es una obra de arte portentosa, pero no por el tema que representa sino por cómo está representado, no por su denuncia sino por su valor artístico, por su audacia técnica, su composición, el tratamiento de la luz, el énfasis expresionista, por su carácter profético. El arte puede y debe hacer uso de todo aquello que necesite, no hay limitación alguna y eso incluye, por supuesto, la crítica social, pero el arte nunca ha de permitirse ser usado. Las cuestiones éticas no hacen que una obra sea mejor o peor y sería un disparate que conceptos como la corrección moral o la justicia interviniesen en la valoración del arte. El arte no enjuicia los hechos que trata ni los temas de que se sirve. En cierto sentido el arte es amoral. ¿Tendríamos entonces que censurar las obras sobre tauromaquia de Goya, Picasso o Bacon? Arrasaríamos con muchas de las grandes obras del arte europeo porque no representan valores éticos actuales, y paradójicamente se haría en nombre del progresismo. Quememos en la hoguera las obras literarias y las óperas machistas o misóginas, los bodegones con animales muertos y los dibujos eróticos femeninos, derribemos los palacios y esculturas de reyes y tiranos, hagamos boicot a las obras de teatro sin paridad de sexos en sus personajes. Lo políticamente correcto puede llegar a aniquilar el arte extirpándole su razón de ser. Ya se están censurando exposiciones de grandes artistas porque muestran el cuerpo de la mujer de manera ofensiva para colectivos feministas y se retiran de edificios públicos obras de indudable valor artístico para no herir "sensibilidades políticas". Y mientras esto sucede, a nadie parece preocupar que se nos imponga la vulgaridad, la banalidad y la mala calidad en todo lo que respecta a la cultura de masas. Pidamos al arte que ejerza la verdadera libertad que la historia le concede y que no la desperdicie en asuntos de telediario.

 

Nacho Ramírez