Crítica

 

"¿Por qué han de estimar el valor de la obra creadora quienes no pueden crear? ¿Qué pueden saber ellos?" (Oscar Wilde. El crítico como artista.)

 

Si queremos conocer la literatura romántica alemana, es más lógico leer las obras de Goethe o de Schiller que buscar textos de crítica literaria que nos hablen de esos autores. Si queremos conocer la música impresionista, podemos empezar escuchando los preludios o las Imágenes para orquesta de Debussy; sería absurdo dedicarnos a leer escritos sobre impresionismo musical o crítica sobre la versión de tal o cual intérprete. Si queremos conocer el cine del neorrealismo italiano, en lugar de comprarnos un libro o leer artículos de crítica para cinéfilos, lo mejor que podemos hacer es ver las películas de Rossellini, de Visconti o de Pasolini. Y si queremos conocer el arte pop, el land art o el videoarte, lo natural sería ver la obra de los artistas más representativos de cada movimiento. Pero el arte se las ha arreglado, como ninguna otra forma de expresión, para que sea realmente difícil aproximarse a él sin una intermediación: la del crítico, la del filósofo o incluso la del propio artista haciendo exégesis pública de su trabajo con el preceptivo discurso, por más que este quede tan sólo en innecesaria paráfrasis. El texto se inmiscuye en una relación que no lo necesita, la del espectador con la obra. Se ha sacrificado el misterio del arte por medio de una racionalización que, lejos de aportar, vulgariza las obras de arte al despojarlas de su carácter enigmático. Salvo exquisitas excepciones, la crítica de arte está ejercida desde el púlpito de una Inquisición conceptualista que se aferra a la vulgaridad de lo discursivo y se resiste a adentrarse en el mundo de lo indescifrable y verdaderamente espiritual que es el arte.

 

Si uno comete el error de leer críticas de arte, se dará perfecta cuenta de que son una futilidad o cuando menos un ejercicio intranscendente. En la mayoría de los casos, la crítica es poco más que un frustrante intento de aproximación a lo que resulta inalcanzable por medio de la razón. Nada más que retórica estéril. La única crítica de arte verdaderamente interesante es la que los artistas hacen sobre el arte precedente a través de sus obras. Sólo los artistas tienen capacidad para hacer crítica de arte. No hay mejor crítica de la música de Beethoven que el concierto para piano nº1 de Brahms o las interpretaciones que de sus sinfonías hacen Furtwangler o Carlos Kleiber. ¿Qué crítica de la obra de Velázquez puede superar a las que con sus dibujos y pinturas hicieron Picasso con su serie de Las Meninas o Francis Bacon con sus interpretaciones del retrato de Inocencio X? Oscar Wilde decía que "el actor es el único crítico del drama (…) el crítico es quien nos muestra una obra de arte en una forma distinta a la de la obra misma". Se puede hablar de literatura, de política o de leyes, pero no se puede hablar de arte. De lo que no se puede decir no se puede hablar, y el arte es indecible. Es un esfuerzo absurdo, no es más que dar vueltas alrededor de algo que es impenetrable. Se puede hablar de técnica (quienes sepan), pero eso no es arte. Y si hablar de arte es inútil, enjuiciarlo es casi siempre estúpido e inaceptable. Escuchar a alguien que no ha abierto un tubo de óleo en su vida dar conferencias sentando cátedra sobre arte, ya sea pretérito o contemporáneo, es un disparate mayúsculo que no sólo se tolera sino que se venera hasta el punto de situar a semejantes personajes por encima de los artistas y de sus obras. Pasado un siglo es fácil saber si una obra es arte o no, el tiempo pone las cosas en su sitio, pero en artistas contemporáneos o en trabajos de las últimas décadas es muy difícil, y sin embargo, en la autoridad con la que se pronuncia la crítica y el mundo académico no hay resquicio para la duda. Penoso.

 

Yo sé que soy un artista, estoy seguro de serlo, pero también soy consciente de no haber conseguido llegar a hacer una obra de arte, o no tengo la sensación de haber hecho algo que crea que puede ser arte. Eso es muy difícil. Se puede reconocer si el trabajo de un artista es un trabajo serio, podemos sentir que estamos ante algo importante, pero hasta que las obras no se descontextualicen, no se distancien de su época, de las modas, no sabremos si tienen categoría de arte o no. El tiempo es definitivo. Y aún sabiendo que estamos ante una obra de arte, nada significativo hay que podamos decir de ella y cualquier intento de verbalizar esa experiencia resultará un fracaso. 

 

«Odio y desconfío de todos los historiadores del arte, de los expertos y de los críticos. Son un puñado de parásitos que se alimentan del cuerpo del arte. Su trabajo no es solamente inútil, confunde. No dicen nada que merezca la pena escuchar ni sobre el arte ni sobre el artista, a no ser que sean cotilleos, que estoy de acuerdo que pueden llegar a ser interesantes.» (Mark Rothko)

 

Nacho Ramírez