Actitud

 

Cuando el artista mira sus pinturas y sus dibujos pasado un cierto tiempo, es muy normal que le resulten extraños. Se pregunta cómo ha podido hacer eso, ese tipo de gesto, de pincelada, por qué usó esos colores. Es muy extraño. Esta extrañeza ante el propio trabajo puede deberse a que, sin duda, uno no es hoy la persona que era ayer. Cada vivencia, por insignificante que parezca, nos transforma de manera irreversible. Pero quizá también se deba a que gran parte de lo que uno hace cuando dibuja o pinta surge del inconsciente. En la pintura, más que en el dibujo, carecemos de control absoluto del medio, y el inconsciente se manifiesta a través del azar, de lo que aparece sin ser buscado, de lo inevitable. Picasso decía: "yo no necesito jugar a juegos de azar: estoy trabajando siempre con el azar". Al dar una pincelada o un brochazo no es posible saber con certeza lo que va a suceder, nada es exactamente como esperábamos. La pintura tiene sus veleidades y estas no carecen de importancia. Da la impresión de que el medio mismo parece tomar decisiones autónomamente y uno se pregunta si estas serán más acertadas que las que tomamos intencionada o conscientemente.

 

"En la improvisación reside la fuerza. Todos los golpes decisivos habrán de asestarse como sin querer". (Walter Benjamin)

 

Todo lleva a pensar que lo que aparece de manera fortuita puede ser lo más valioso dentro de un cuadro y que hay más contenido de verdad en aquello que surge sin intervención de la razón. Lo calculado, lo analizado, lo previsto, lo pensado está en un plano extraartístico, diferente a aquel en que las obras de arte se generan. Cezanne decía que si se ponía a pensar mientras pintaba estaba perdido. Por eso es tan importante la actitud. ¿Y cuál es la situación mental necesaria para lo que pretenciosamente llamamos crear? ¿Puede uno decidir qué actitud tener para trabajar o esta viene ya determinada por nuestro temperamento? Existe un equilibrio, o más bien un juego de tensiones entre varias fuerzas: por un lado un ineluctable impulso existencialista, la consciencia de la naturaleza sufriente de una vida que necesita, como dirían Wilde o Nietzsche, la redención a través de la creación artística. Este primer impulso es el que mueve a la acción, es una fuerza de carácter pasional y juvenil, por lo tanto de naturaleza irreflexiva o instintiva. Por otro lado hay un estado mental que tiene una presencia muy poderosa en este juego de tensiones y se caracteriza por la indecisión, la inquietud y la incertidumbre, lo que Keats consideraba "estados conflictivos" necesarios para la creación. No es una fuerza de acción, evidentemente, sino el momento de conciencia crítica, algo más propio de la madurez que de la juventud. Finalmente una fuerza creciente y cada vez más importante en el proceso de trabajo del artista: la contemplación. El artista también vive de la fertilidad del silencio y la quietud. El trabajo creativo debe darse en momentos de no pensamiento. Pero no confundamos esta actitud con una suerte de ensimismamiento melancólico. Al contrario, la disposición, la actitud en el momento de trabajo ha de favorecer el flujo de estos impulsos de origen desconocido que aportan el material que el artista debe administrar. La actitud mental tiene que ser más pasiva que activa, estar abierta a la recepción de señales, a percibir vibraciónes del color, sensaciones de espacio, etc. Y para ello la mente no puede estar produciendo pensamientos o reflexionando, del mismo modo que no se puede hablar y escuchar a la vez. La actividad mental debe prescindir del ruido del pensamiento para encarar la verdad que aparece en la espera, en la actitud contemplativa. La imagen no la crea el artista, la recibe. El artista que sabe esperar, que confía en el devenir, recibe. El otro busca. Estas tres fuerzas aparentemente contradictorias no lo son realmente, no existe contradicción entre ellas, sino complementariedad, de la misma manera que en nuestro ser se complementan lo físico, lo mental y lo espiritual. Y una silla con tres patas jamás cojea.

 

Nacho Ramírez